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Tuolumne Meadows

Climbing Every Mountain and Rock
By Viju Mathew

My office desk was clearly out to get me. In the three years I had been sitting behind it, I had gained weight and lost motivation to play outside. Being very good at avoiding accountability, I chose to blame the desk. So when Marc Muench, prominent photographer and childhood friend, called with an invitation to go rock climbing for a weekend, it was just short of divine intervention.

"You’ve never been to Tuolumne Meadows?” Marc asked incredulously as we planned our trip. Yes, it was true. After having dabbled in rock climbing on and off for 15 years, I had never been to one of the nation’s absolute climbing Meccas. Located an hour and a half northeast of Yosemite Valley (by car), Tuolumne offers some of the most spectacular camping and climbing in the world—while avoiding the crowds of its famed neighbor.
We reached the park at dawn on a Friday morning, as shadows retreated from granite monoliths, slowly being painted in golden light. Our objective that day was the Southeast Buttress of Cathedral Peak, a classic route that consists of relatively easy technical climbing for about 700 feet.

After a two-hour hike to the rock base, the trail got steeper before breaking through the tree line, revealing an apron of granite. I led the way on the first “pitch,” or rope length, and as I started up the igneous terrain, decked in gear, helmet and a water pack, I felt like an astronaut stepping out on a space walk. I soon found security in a perfect hand-width crack that ran about 50 feet while the sticky rubber on my climbing shoes bit in to crystalline flakes. Once at a large ledge, I anchored myself to the rock as Marc climbed up to join me. My friend deftly sped up the next pitch and before I could catch my breath, I was climbing again.

We continued this vertical leapfrog as the ground quickly diminished. Finally at the coffee-table-size summit block, we were rewarded with spectacular views of 1,000 ft. domes jutting from pine forests like errant teeth, with mirror lakes appearing as puddles. As far as we could see, the landscape was drenched in the reddening hues of Tuolumne twilight. To the north, a ridge yielded a steep trail that snaked back down to the base, so as the sky surrendered to stars, we donned headlamps and retraced our path to the trailhead and our campsite.

Relaxing fireside, sated with pasta and red wine, I felt a sense of renewal—but there was something else. An initial step had been taken in my conquest. Not a conquest over the rock or my fears…but over my desk.
To make campsite reservations in Tuolumne Meadows, call 800-436-PARK; for backcountry permits, call (209) 372-0740 (phone lines open January 5th); and for rockclimbing instruction in Santa Barbara county, contact the UCSB Adventure Programs at (805) 893-3737.



Tuolumne Meadows
Un Paraíso para los Campistas
By Kim O'Brien

El escritorio de mi oficina estaba listo para atraparme. En los tres años que he estado sentado detrás de él he subido de peso y he perdido la motivación de jugar al aire libre. Siendo muy bueno para evitar la responsabilidad, decidí culpar al escritorio. Así, la llamada de mi amigo de infancia y prominente fotógrafo, Marc Muench, con una invitación para ir a escalar el fin de semana, fue simplemente una oportuna intervención divina.

“¿No has estado en Tuolumne Meadows? Marc preguntó incrédulo mientras planeábamos el viaje. Sí, era verdad. Después de haber practicado alpinismo durante 15 años, yo nunca había estado en una de las Mecas del alpinismo de la nación. Localizada a una hora y media al noreste del Valle de Yosemite (en coche), Tuolumne ofrece uno de los campamentos y terrenos de alpinismo más espectaculares del mundo, sin tener las multitudes de su afamado vecino.

Llegamos al parque al amanecer de un viernes, conforme las sombras se retiraban de los monolitos de granito, éstos se pintaban lentamente con una luz dorada. Nuestro objetivo ese día era el Southeast Buttress de Cathedral Peak, una ruta clásica que consiste en una subida de aproximadamente 700 pies y que requiere de una técnica relativamente fácil.

Después de dos horas de caminata hacia la base de la roca, el camino se hizo más empinado antes de cruzar la línea de árboles, revelando luego un delantal de granito. Yo dirigí el primer tramo, o largo de cuerda y, conforme empecé el ingenioso terreno, cubierto en equipo, casco y agua, me sentí como un astronauta poniendo el pie en una caminata espacial. Pronto encontré la seguridad en una hendidura del ancho de la mano y que se extendía aproximadamente por 50 pies y fui poniendo las suelas de hule de mis pies en cristalinas hojuelas de piedra. Una vez en un gran saliente, me aseguré a la roca mientras Marc escalaba para alcanzarme. Mi amigo aceleró hábilmente el siguiente tramo y antes de que yo pudiera recobra el aliento ya estaba escalando de nuevo.

Continuamos este relevo vertical, el suelo se hacía pequeño. Finalmente, en un bloque de la cima del tamaño de una mesa de café, obtuvimos el premio de la espectacular vista de picos de 1,000 pies sobresaliendo entre los bosques de pinos cual dientes errantes con lagos como espejos apareciendo como charcos. A lo lejos, el paisaje se empapaba en las sombras rojizas del crepúsculo de Tuolumne. Al norte, la montaña abría paso al inclinado camino que zigzagueaba de bajada a la base, así que conforme el cielo se rendía a las estrellas, con lámparas en la cabeza recorrimos nuestro camino hacia el campamento.

Junto a un relajante fuego y disfrutando de una buena pasta y un buen vino tinto, tuve la sensación de renovación, pero había algo más. Un paso inicial había tenido lugar en mi conquista. No en la conquista de la roca o de mis temores, sino en la de mi escritorio.

Para hacer reservaciones para acampar en Tuolumne Meadows, llame al 800-436-PARK, para permisos, llame al (209) 372-0740 (las líneas telefónicas inician sus servicios el 5 de enero); y para instrucción en alpinismo en el Condado de Santa Bárbara, contacte el Programa de Aventuras de UCSB en el (805) 893-3737.